Acerca del problema de la nación en el Perú PDF Imprimir E-mail
Escrito por Viejo Topo   
Martes, 04 de Octubre de 2011 09:12

Escribe: Vladimir Munzer

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Tierra Fértil. Cecilia Dominguez  

¿En qué sentido se puede hablar de nación hoy en el Perú? ¿Cómo lo entendemos? ¿Qué características debe presentar nuestra sociedad para hablar de una nación constituida? Y es que al ver nuestra realidad, con tanta desigualdad social y atraso económico, las dudas sobre si somos o no una nación son mucho más fuertes. Pero, ¿cómo entendemos la nación?

 
Debemos comprender que el concepto de nación tiene un origen liberal y se desarrolla en función de los intereses de las clases a las cuales sirve. Surge como parte de la necesidad de la burguesía por unificar sus países en la Europa de los siglos XVI-XIX para el fortalecimiento de los mercados y el control de la mano de obra. Esto se daba en fuerte lucha contra la poliarquía de las oligarquías feudales que no estaban interesadas en desarrollar las fuerzas productivas.
 
La burguesía clama por la nación englobando en ella a todas las clases explotadas: campesinos, artesanos, obreros, pero reservándose para aquella la conducción de estos procesos revolucionarios y/o nacionalistas, sea en Francia, Bélgica, Holanda, Alemania e Italia. Así surge también el sentimiento nacionalista que se vincula con la unificación de las oligarquías regionales en un solo Estado-Nación. Ahí la idea de nación juega un rol importante en el surgimiento de grandes estados como Alemania e Italia.
 
Producto del desarrollo del capitalismo y su expansión por el control de los mercados mundiales, la burguesía utiliza el sentimiento nacionalista como una forma de justificar la agresión a los pueblos del mundo como en África, Asia o América Latina. Así el concepto de nación se amplía comprendiendo la expansión de la civilización occidental por el mundo.
 
Se le llama chauvinismo a este nacionalismo expansionista que la burguesía insufla en sus poblaciones, lo que encaja perfectamente con el surgimiento del imperialismo a fines del siglo XIX e inicios del XX. Una muestra de este chauvinismo expansionista se expresó en la guerra con Chile, específicamente en la burguesía chilena aliada de los ingleses y su “Doctrina Portales” que sirvió para justificar la guerra en la cual el Perú perdió territorios.
 
En el siglo XX este nacionalismo burgués ha servido para justificar las grandes matanzas que fueron las dos guerras mundiales. El imperialismo oprime así a los países atrasados y los condena a la miseria. El nuestro es un caso palpable.
 

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Sin embargo, esa opresión imperialista va generando en los pueblos oprimidos un sentimiento nacionalista: Otro tipo de nacionalismo en la cual la idea de nación se alimenta de la lucha contra la opresión imperialista y la construcción de una sociedad independiente y desarrollada. Pero, ¿qué sectores sociales en esos países generan ese nuevo sentimiento e idea nacionalista? ¿Serán acaso las burguesías locales aliadas en muchos casos del gran capital?
 
El desarrollo capitalista va generando al proletariado, la clase obrera, que desde su aparición lucha contra la explotación del capital y por una nueva sociedad. Y en el proceso imperialista, son los obreros de los pueblos oprimidos los más golpeados por la agresión extranjera. La lucha de los trabajadores en esos países es –como se ve- más fuerte, más cruenta, porque no sólo deben luchar contra la burguesía de sus propios países sino contra el avasallamiento del imperialismo, lo que va generando además un sentimiento nacionalista de rechazo a esa intromisión.
 
Así surge otra idea de nación, en la cual son las clases trabajadoras las hacedoras de su destino, las constructoras de una sociedad en la cual se borren las diferencias de clase y se enrumben hacia el desarrollo. Este es un nacionalismo que lleva el sello de la clase proletaria y se enriquece con el aporte de las demás clases explotadas por el imperialismo.
 
Por lo que se ve, el concepto de nación, desde el siglo XX y hasta la actualidad, toma otro carácter con las clases trabajadoras. Se lo vincula a la lucha contra el imperialismo y a la construcción de una sociedad integral. Pero, ¿cómo se ha expresado eso en el Perú?
 
Desde la emancipación del yugo español las masas obreras y campesinas han luchado por construir una nación sólida. Sin embargo, la traición de las oligarquías terratenientes, caudillos militaristas y burguesías locales han impedido esa consecución. Llegamos a la vida republicana sin un proyecto de nación. Proyecto que le correspondía establecer a la burguesía.
 
Toda la primera mitad del siglo XIX fue una anarquía política y militar que en nada contribuyó a construir la nación. El proyecto civilista nacido a finales del s. XIX fue el primer intento de la naciente burguesía por plasmar una nación burguesa, sin embargo, fracasó debido a su carácter aristocrático, excluyente y por nacer subordinado al gran capital.
 
La guerra con Chile les frustró ese deseo y fue la expresión del fracaso de ese proyecto. En dicha guerra las masas populares, pese a la incapacidad de la oligarquía, defendieron al país y evitaron un despojo mayor de territorio. Ahí tenemos uno de los primeros intentos por defender la nación, lo que genera un sentimiento nacionalista en los sectores populares. Ahí vemos también cuáles son los sectores sociales que sí apuestan por la construcción de una nación integral.
 
altA inicio del siglo XX, con la penetración imperialista inglesa y norteamericana, ese sentimiento nacionalista en las clases trabajadoras crecerá. Y con la prédica socialista adquirirá un mayor contenido. Mariátegui, desde la perspectiva de las clases trabajadoras, habla de una nación en formación y que en el Perú el nacionalismo es revolucionario porque se vincula a la lucha proletaria contra el imperialismo.
 
Se especifica claramente el problema de la nación: la sociedad peruana es semicolonial. Y por lo tanto cabe una revolución democrático-nacional como antesala de la revolución socialista. Este es el camino trazado para las clases populares.
 
Entonces, la lucha del pueblo en el siglo XX fue la lucha, entre otras cosas, por la emancipación del yugo imperialista, por la liberación nacional y contra la clase que los representa en el Perú que es la gran burguesía, las oligarquías terratenientes y sus gobiernos de turno. Dicha lucha fue dirigida en su mayor medida por la clase obrera y su expresión más palpable y cruenta se vio en las décadas del 80 y 90 con el proceso de transformación social que quedó inconcluso. Pese a ello, el pueblo sigue bregando por construir esa nación que integre realmente a la sociedad.
 
En los últimos veinte años, la opresión imperialista se ha incrementado atizando más el sentimiento nacionalista. Está intacta la tarea de construir la nación peruana. Como se ve, los gobiernos tanto de Fujimori, Toledo y García atentaron contra la nación entregándonos más a la vorágine del gran capital, espoliando nuestras materias primas y permitiendo una mayor acumulación de capitales en desmedro de los trabajadores.
 
La resistencia del pueblo ha sido importante y ello nos da base para seguir bregando por la construcción de la nación. Pero la respuesta de las clases dominantes también se hará sentir. Sobre todo con el nuevo gobierno de Humala. Ellos buscan atar las correas de lucha del pueblo, impiden la explosividad popular con represión y sobre todo con programas asistencialistas que apacigüen el descontento social.
 
Frases como el “chorreo”, “oportunidades para todos” o “inclusión social” son utilizadas para contentar a las masas ofreciendo los mendrugos que el sistema reparte.
 
Las clases dominantes son conscientes de que el neoliberalismo ha privilegiado a una minoría en base a la explotación y marginación de la mayoría. Por eso, para calmar el descontento social claman por la “inclusión”, lo que, en el fondo, no soluciona el problema sino lo agudiza. Ello, sin embargo, no durará mucho tiempo. La crisis internacional del capitalismo profundizará más las contradicciones sociales desencadenando nuevas luchas populares que pondrán en riesgo su sistema.
 
Entonces el proletariado y las demás clases trabajadoras en el Perú tienen una tarea fundamental: organizar la lucha por la construcción de la nación, lucha que debe enmarcarse en la brega por la transformación social. Y para ello debe seguir abriendo el camino democrático de las clases trabajadoras.
 
Se deben conquistar derechos fundamentales para las clases populares tanto en el plano laboral, social, barrial, como educativo. Se debe defender la soberanía nacional, los recursos naturales  y luchar contra las grandes empresas. Se deben solucionar las secuelas que dejaron los procesos de transformación anteriores, sobre todo el de los 80 y 90 del siglo pasado.
 
Una forma de solucionar dichas consecuencias sería con una amplia amnistía política que permita una reconciliación nacional, así como la derogatoria contra las leyes draconianas que criminalizan la protesta social. Esto permitirá al país encarar mejor el futuro, enfrentar con mayor fuerza la resistencia al imperialismo.
 
En pocas palabras, la verdadera “inclusión social” debe provenir de la propia lucha de las masas y no de la “buena voluntad” de los grupos dominantes. Así estaremos dando las condiciones para la forja de una nación integral. Nación que necesariamente advendrá con la revolución y el socialismo. 

 

 

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