| El comandante Ollanta se calza las botas |
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| Escrito por Viejo Topo | |
| Martes, 31 de Enero de 2012 17:35 | |
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Escriben: Humberto Elvinero Z. / Alberto Manzanres
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Un gran giro
en el proceso del gobierno
El gobierno de Ollanta Humala ha dado un gran giro, si se analizan sus acciones y posiciones desde la proclamada Gran Transformación, su plan inicial para la primera vuelta, hasta la situación de hoy. Este gobierno ha atravesado sucesivos retrocesos a partir de la segunda vuelta, guiado por la Hoja de Ruta, la misma que se aplicará dentro de la segunda recesión de la crisis mundial y en medio de la desaceleración de la economía peruana y la recesión que se avisora.
Al carecer de partido propio, Humala había pasado a apoyarse, de manera creciente, en las Fuerzas Armadas y Policiales, en aplicación de la Hoja de Ruta. Luego pasó a adherir al desarrollo minero, y en particular, respecto al conflicto cajamarquino, afirmó: “Conga va”, debido a que la minería, otra vez, ha pasado a convertirse en el eje del proceso económico peruano.
El gran giro tiene una base de sustentación y un rumbo en marcha: el papel que vienen cumpliendo y han de cumplir las Fuerzas Armadas y Policiales en el Gobierno.
Este es un asunto importantísimo para la política peruana. No porque las FFAA, recién ahora, sean el sustento de un régimen -las FFAA son la columna vertebral de todo Estado-, sino por su papel concreto dentro del actual gobierno y el rumbo que a partir de ahí se perfila.
Hoja de Ruta
Recordemos que el actual presidente protagonizó unas elecciones bajo pleno control de las clases dominantes, que pusieron de rodillas a los candidatos, todos ellos defensores y sostenedores del sistema, por tanto, de derecha.
Humala diseñó, para la segunda vuelta, la Hoja de Ruta. En eventos como el CADE –en ese contexto-, ya hablaba de que quería ser el “capitán de los empresarios nacionales”, y de que garantizaría las inversiones nacionales y extranjeras poniéndoles “alfombra roja”. Señaló que les evitaría gastos en las comunidades aledañas, creando un clima de “seguridad para sus inversiones”, y, también, que lo haría “previniendo los conflictos”, o bajando la conflictividad a través del “diálogo”. Así Humala se hacía autobombo. Él era el indicado para servir mejor a los de arriba.
Esto más un sinfín de promesas y migajas dentro de la necesidad de la aplicación del camino capitalista.
Pero el tema no quedó en la situación del triunfo electoral, marcado por la Hoja de Ruta. A continuación vino la selección de ministros –sobre todo en el clave Ministerio de Economía- y del jefe del BCR, y el mensaje de asunción del mando el 28 de julio, otro paso atrás.
Carente de partido,
O.H. busca apoyo castrense
Ollanta Humala, que había llegado al gobierno merced a la alianza Gana Perú, se desmarcó de ella apenas empezó su mandato, declarando públicamente su disolución. Y si bien, enseguida, dispuso la reorganización de su partido, el Partido Nacionalista, ésta quedó hasta hoy en simple declaración.
En el mundo, los gobiernos se apoyan y guían por partidos políticos. ¿A qué deben recurrir para sustentarse cuando se carece de ellos, y cuando, como en el caso de Humala, el capitalismo en el Perú necesita aplicar su plan si o si, la lucha popular se atiza y una crisis general envuelve al capitalismo en el mundo?
Necesariamente, pasó a buscar apoyo en las FF.AA, principalmente en el Ejército. Como se recuerda, Humala propició en el Ejército cambios que varios analistas calificaron de purga, para que cuadros militares, afines a Ollanta, ocupen puestos de mando.
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Novel Gabinete
Izquierda: Nuevo gabinete ministerial garantizará el nuevo giro del gobierno. Derecha: Nobel lo respalda.
Minería: Eje del proceso económico
Se había reanudado el debate de la condición del Perú como país minero. En la Conquista y la Colonia, la minería tuvo un papel decisivo. Hoy para las clases dominantes la minería tiene una primordial y decisiva importancia para la economía peruana, no sólo ahora sino a futuro.
Un análisis del economista Humberto Campodónico, respecto al período 1950-2008, muestra el extraordinario crecimiento de la minería, que pasa de 100 a 509, considerando el Índice global y sectorial per cápita. Ningún sector ha tenido tan explosivo crecimiento, sobre todo en los últimos 20 años.
La economía peruana es primario exportadora, o sea de productos con escaso o nulo procesamiento ni valor agregado, debido a su escasa industrialización.
Si bien los sectores primarios representan apenas del 18 al 19% del PBI, sin embargo, son los que contribuyen a las exportaciones en el orden del 76.4% -23,000 millones de dólares el 2009-, según el propio Campodónico. Dentro del conjunto de las exportaciones, el 61% corresponde a la minería. Su importancia, por tanto, es grandísima por el plan de nueva acumulación originaria del capital.
Por tanto, cuando Ollanta Humala afirmó: “Conga va” y declaró su adhesión a la minería, estaba refrendando que la minería es eje del proceso económico peruano.
Mas esta realidad de la explotación minera se encuentra con la resistencia, sobre todo, del campesinado al plan de nueva acumulación originaria de capital. Además, implica, en los hechos, el despojo de los productores directos –la concentración de tierras de las comunidades campesinas-, a fin de expoliar la riqueza minera, afectando fuentes de agua que repercuten en vastas zonas agrícolas. De ahí que esas luchas sean masivas y alcancen niveles de explosividad porque esas poblaciones ven en riesgo su propia vida.
Tal es el caso de Andahuaylas, Moquegua y Tacna. En el caso cajamarquino, la lucha se centró en la defensa de la cabecera de cuenca, que alimenta varias provincias, y que llega a los valles costeños de Piura y Lambayeque, así como a la Selva. Luego, frente al heroísmo de los campesinos comuneros, quedaron en evidencia las limitaciones en la conducción de la lucha, pues no se supo aprovechar el logro que llevó a que el Gobierno declarara la paralización del proyecto. Por eso, éste respondió con Estado de Emergencia.
A esa lucha le faltó manejar el límite, porque razones y respaldo de las masas tuvo y tiene, aunque el Gobierno hoy está jugando a dividir.
Un hito en el proceso
gubernamental
Una clara expresión de ese proceso de militarización fue la selección de Oscar Valdés -ex ministro del Interior- como su Primer Ministro, es decir, se designó a un teniente coronel de las FF.AA. en retiro. Ya para entonces, se había puesto fin al estilo dialogante de Salomón Lerner y se había aplicado el Estado de Emergencia en Cajamarca –haciendo desfilar al Ejército para atemorizar a la población-. Así, se prosiguió, bajo un estilo castrense, en la conducción política.
Según analistas extranjeros –El Mundo de España-, es la primera vez, desde las dictaduras peruanas (1968-1980), que los dos mayores cargos en el Ejecutivo peruano quedan en manos de militares –el presidente y su primer ministro-, aunque sean oficiales en retiro en un gobierno democrático. El cuadro militar lo completa el coronel Adrián Villafuerte, consejero presidencial en temas de seguridad y defensa y amigo personal del actual presidente peruano.
Uno de los primeros en salir en defensa del nuevo gabinete, ante estas críticas, fue Mario Vargas Llosa, quien sostuvo que “Un cambio ministerial es perfectamente razonable, legítimo y creo que la razón ha sido fundamentalmente tener una mayor cohesión y poder gobernar”. Vargas llosa suele aparecer en este tipo de circunstancias cruciales y en defensa del sistema, para inclinar la balanza merced a su prestigio como literato.
La forma cómo el flamante Primer Ministro trató a los dirigentes cajamarquinos –prepotencia vertical-, en la búsqueda de la reanudación del diálogo el 19 de diciembre, mereció el rechazo de Cajamarca.
La militarización del régimen ya venía siendo denunciada por sectores de la derecha. Ésta se preocupaba de que Ollanta se rodee de personajes de su promoción o compañeros de armas. Entretanto, la izquierda burguesa callaba, preocupadísima de que Ollanta no termine totalmente secuestrando por la derecha, y buscando –marcha de por medio al Congreso, tipo respaldo a Velasco Alvarado en los 70-, demostrarle su adhesión ante las “conquistas obtenidas”, dentro de la Gran Transformación.
La izquierda marginada
El gran giro por el cual Ollanta Humala pasa a un total apoyo a la derecha, significó obviamente la marginación de la izquierda burguesa, que se había nucleado en torno al ex primer ministro, Salomón Lerner Githis, quien mantuvo una actitud de diálogo.
En su carta de renuncia, Lerner dice: “Nuestra línea directiva ha sido el diálogo y la búsqueda de consenso evitando la confrontación… nueva etapa de trabajo gubernamental requiere de ajustes…quede en total libertad para realizar”.
En el Comunicado Solidaridad con el pueblo y gobierno de Colombia, firmado por la Presidencia del Consejo de Ministros, suscribe Lerner: “El Perú, como todas las naciones de América Latina, desea una solución pacífica al conflicto interno colombiano, que defienda la soberanía y que se base en el diálogo, en el derecho internacional, en el estado de derecho, que respete los Derechos Humanos y que permita la consolidación de la democracia y la paz en nuestra hermana república colombiana”.
El documento está fechado en 5 de diciembre, el día que el gobierno decretó el Estado de Emergencia en Cajamarca.
Este gran giro, cuya cuestión principal conlleva a la militarización del Gobierno, tuvo una clara expresión en el discurso de Ollanta Humala en Ayacucho, donde a más de concebir a las FF.AA. como la institución tutelar de la nación, afirmó que son los “guardianes socráticos” que están por encima del bien y del mal.
Este gran giro ha conllevado también a que EE.UU. haya dado su respaldo a Ollanta Humala y sus políticas de inclusión, entre otros.
En concreto, los intereses de los grupos económicos de la gran burguesía se han impuesto más claramente en el Gobierno y Ollanta Humala ha pasado a recibir un completo apoyo a la derecha sobre la base de un sustento cada vez más claro en las FF.AA. y FF.PP., aparte del apoyo que le ha otorgado públicamente EEUU. A lo que se suma, la marginación de la izquierda burguesa y la búsqueda del control y manejo de la lucha popular, mediante diversos mecanismos, tanto el diálogo como la vía represiva.
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Una clara expresión de ese proceso de militarización fue la selección de Oscar Valdés -ex ministro del Interior- como su Primer Ministro, es decir, se designó a un teniente coronel de las FF.AA. en retiro. Ya para entonces, se había puesto fin al estilo dialogante de Salomón Lerner y se había aplicado el Estado de Emergencia en Cajamarca –haciendo desfilar al Ejército para atemorizar a la población-. Así, se prosiguió, bajo un estilo castrense, en la conducción política.



